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Fecha de caducidad a los 30 o de cómo no existen las “quedadas”

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Por: Isa García

La semana pasada conocí a una niña de 7 años. Como cualquier plática con un niño, empezó con preguntas. Yo le pregunté su nombre, ella me preguntó el mío. Yo le pregunté cuál era su animal favorito, ella me preguntó mi edad. Y entonces sucedió. Cuando dije 30, se me quedó viendo con cara de sospecha. (Obviamente tomé esto como un halago, suponiendo que para una niña de 7 yo me seguía viendo como una chavita de veinti-algo). Me siguió viendo seriamente y entonces me preguntó por qué mi esposo no estaba ahí conmigo.

Cuando le contesté que no estaba casada, se quedó con la boca abierta LITERALMENTE – se los juro, como por cinco segundos. Mi cerebro empezó en ese momento a calcular los daños de mi siguiente acción. Ver su reacción ante mi respuesta generó bastantes emociones que me cayeron como cubetazo de agua fría. De nada serviría que escribiera esto si no fuera completamente honesta.

Lo primero que sentí fue algo parecido a vergüenza. No voy a decir que me sentí humillada pero creciendo en el ambiente y cultura en el que me tocó, hay todavía un cachito milimétrico de mi ser que está “cableado” para sentir que hay que dar una excusa o explicación a la soltería cuando una tiene más de 30. (En algunas ciudades y en muchas religiones y culturas esta explicación se empieza a dar desde mucho, mucho antes). Así que ahí estábamos, la solterona de 30 y la niña de 7 que en esos momentos representaba a tantas y tantas mujeres de edades y estratos variados que en algún momento nos han hecho sentir mal por no estar casadas y/o con hijos llegando a esta tan terrible y avanzada edad de los 30.

cumplir 30

Carrot para Let’s Riot: Life as it is

Cuando la niña pudo cerrar la boca, me vio con lástima – cabecita recargada en hombro y todo, idéntica a una tía que tengo- y me preguntó que por qué no tenía esposo. Por un milisegundo pensé en cambiar de tema pero un rayito de feminismo me prendió la lengua y empecé a explicarle que no todas las mujeres quieren casarse jóvenes, que algunas no quieren casarse nunca, que muchas quieren viajar por el mundo, hacer cosas increíbles, crear negocios, inventar cosas, cumplir sueños. Pensé también en explicarle que algunas mujeres quieren casarse o ser novias de otras mujeres y que incluso existen mujeres a las que no les gusta nadie pero me imaginé al camión anaranjado ese, lleno de padres de familia acercándose a toda velocidad listos para lincharme así que decidí dejarle el tema de la educación sexual y de género a sus papás y clavarme sólo en lo primero.

Al final de mi cátedra sobre cómo la mujer no se define por su pareja o sus hijos, la niña se me quedó viendo con la misma expresión de lástima que llevaba ya más de 5 minutos en su cara. Para ella, yo sólo estaba enumerando excusas. En su cabeza, las mujeres se dividen en dos categorías: las exitosas/ casadas y las perdedoras/ solteras. Entendí en ese momento que a sus apenas 7 añitos, todas las mujeres y hombres de su entorno le han dejado clarísimo que tiene una fecha de expiración.

Esta campaña de SK – II acerca del estigma que cargamos desde que nacemos, creyendo que tenemos una fecha de expiración, deja clarísimo que si no dejamos de creer en ellas, seremos las más afectadas y las primeras en perpetuarlo. Sé que existen muchas mujeres que han crecido con familias inteligentes y empoderadoras, con amistades amorosas y personas cercanas que les han enseñado lo contrario, pero no está de más tomarnos unos minutos para recordar que así, como estamos, en exactamente este mismo instante, estamos completas. Estamos en nuestro punto, siempre.

 

Sin miedo a fechas de caducidad y sin deadlines qué cumplir. Todas, desde nuestra trinchera y con los planes y sueños que nos corresponden, estamos siempre a tiempo para todo. Ninguna edad nos va a decir cuándo parar o cuándo darnos por vencidas. Les recomiendo ver y compartir la campaña, pero sobre todo, empezar a borrarse esos números del brazo si es que sienten que los tienen. Quisiera pensar que mi plática con la niña borró un poco la marca que ella lleva, pero si algo me queda claro es que no terminarán por desaparecer hasta que ella misma vea que no es una marca real y decida borrarla por sí misma. Ojalá, como generación, podamos compartir este mensaje.

Ya va siendo hora de que nazcan menos y menos mujeres marcadas.

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