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Malala en México, una voz que nos identifica

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por Carla Cevallos

Más que lo que se dijo, lo que realmente vale la pena contar sobre la conferencia de Malala en el Tec es lo que se sintió.

Desde la fila para ingresar al lugar del evento, la energía de la gente y el ambiente que se vivía eran totalmente festivos. Las esperas habían sido muy, pero muy largas. El vuelo de Malala tuvo que ser desviado por la inundación que ocurrió en el aeropuerto de la Ciudad de México el día anterior. Los asistentes a la conferencia recibimos correos a la una de la mañana explicando el contratiempo y los cambios en el horario y logística del evento. Para cuando nos formamos en esa fila, muchos de nosotros llevábamos casi 8 horas de espera y traslados. A pesar de eso, la gente estaba muy animada.

 

Una vez adentro del auditorio, la emoción fue creciendo y creciendo conforme pasaba el tiempo. Claro, tuvimos que chutarnos montones de presentaciones, discursos, videos y, por supuesto, comerciales del Tec. Ya nos tenían sentados en el borde de nuestros asientos, esperando para ponernos de pie en cuanto ella saliera.

Durante la espera, a los del Tec se les ocurró hacer una simpática actividad de esas de sondeo. ¿De qué estado nos visitan? ¿Quiénes son alumnos del Tec? Ahí salió a relucir que la gran mayoría del público éramos “millennials.” No era la gran sorpresa, dado que el evento fue en el Tec y estaba lleno de universitarios. Sin embargo, darme cuenta de eso me hizo sonreír y pensar… Malala es Millennial. Y nos ha reunido aquí a un montón de millennials. Y el rollo de la equidad de género es muy millennial… pero es muy importante. Si esas otras generaciones que nos critican y juzgan tan duramente hubieran visto lo emocionados y conmovidos que estábamos, lo que peleamos y esperamos para estar ahí esa tarde… tal vez se darían cuenta de que nuestra generación, contrario a lo que creen, no está echando a perder a la sociedad.

 

Cuando finalmente salió Malala, todo el público se levantó aplaudiendo. Fue como si hubiéramos ido a un concierto. Y pues sí, en cierta forma, para un país como el nuestro, con tan tremendo problema de violencia de género, la voz y el mensaje de Malala son música para los oídos.

Mi impresión de Malala es que… tiene 20 años. Sin duda es alguien que en los próximos años podrá convertirse en una de las activistas más importantes y famosas de la historia. Por ahora, su mensaje aún se caracteriza por la simpleza y el optimismo de “una chavita,” y sí, lo es. Algunas de sus ideas podrían incluso ser consideradas clichés, ondas como “Nada es imposible” y “Todo mundo debe perseguir sus sueños.” Lo impresionante es que este tipo de mensaje, al que es común voltearle los ojos, es aplaudido al venir de ella, porque lo dice con tanta convicción, por todo lo que ha vivido y su franqueza no dejan lugar para la burla.

El poder de Malala, más que en lo que ella sepa o diga, radica en lo que ella simboliza: valentía, lucha, esperanza, equidad… Malala se ha ganado el respeto del público a lo largo de su corta vida y muchos consideran sus ideas valiosas. ¿No sería ese el sueño de toda mujer?

 

 

Realmente Malala no dijo nada nuevo… era el hecho de que fuera ella, y que todos ahí conocíamos su historia, lo que le dio fuerza a su mensaje. Y eso es justo lo que yo creo que necesitamos en México… validar el mensaje. Ya lo conocemos, pero no lo vivimos. Necesitamos que venga Malala mucho, pero mucho más seguido, a decirnos que todos somos iguales, que las niñas y mujeres tienen derechos, que la religión y la cultura se viven por convicción y no por imposición, que la Educación es el camino, que es nuestra responsabilidad levantar la voz ante la injusticia, que todos podemos aportar algo… para que escuchemos y no volteemos los ojos.

Mi parte favorita de la entrevista fue la última pregunta, en que le pidieron que respondiera a una palabra con otra palabra. Al decir “niñas” ella contestó inmediatamente “poder.” El público estalló en aplausos y yo pensé… que importante es, para tantas mujeres y jóvenes mexicanas que estamos aquí hoy, o viendo esto en el livestream, recordar que somos poderosas, y que igual que Malala, para impulsar el cambio no tenemos que hacer mucho más que atrevernos a hablar. Malala nos recuerda que nuestras voces vibran, y que si juntamos suficientes voces, haremos temblar al mundo.

 

 

 

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