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Adulting: Lo que tienes qué saber antes de sacar la visa

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La visa es uno de los trámites más engorrosos y con velos de misterio que exista en México. A pesar de que mucha gente la tiene, cada persona que ha hecho el trámite puede contar una historia distinta. He aquí un compilado que esperamos, te sea de utilidad si es que necesitas salir del país.

Como están las cosas actualmente, no es que tengamos muchas ganas de viajar al país de Mr Trump, pero tener visa se ha convertido en algo necesario, ya sea para hacer un viaje de trabajo, para visitar a la familia, o simplemente porque desde el año pasado planeaste con mucha ilusión tu viaje a Coachella, y el señor del bronceado falso no te lo puede arruinar.

Dicho esto, la aventura de sacar la visa  empieza con el deseo inocuo de viajar a Estados Unidos. Si ya tienes pasaporte, bien; la primera mitad que es fácil, donde todo es risa y diversión.

Viene la segunda parte, donde todo (puede convertirse) en llanto y tristeza. Esto se compone de varios pasos que sólo equipararíamos con el trámite para pedir el uso de material radioactivo y aquí enumeramos:

1) Entra a la página de la embajada:

Hay que visitar la página de la embajada para llenar el formato; nosotros aconsejamos buscar en Google “embajada americana” “visa”. Si se pone uno a buscar el enlace en la página principal, puede llegarte ahí la jubilación.

2) Lee las instrucciones con cuidado:

En caso de que no domines el idioma de Shakespeare, el sitio está en español. Lo malo es que la solicitud no está disponible en nuestro idioma, así que mejor tener a la mano Google Translate, o se corre el riesgo de declarar que es traficante de blancas.

Ten a la mano el pasaporte (o al menos el número) porque lo piden y no te puedes saltar secciones. Eso sí, puedes dejar en pausa la solicitud.

3) Cáete con tu pago:

Ya que llenaste la solicitud y declaraste que no eres terrorista, no has participado en tráfico de personas, armas y/o drogas, ya puedes pasar a la página donde se hacen las citas (porque son dos). Debes pagar 160 dólares y hacer dos citas, una donde te toman las huellas en un lugar llamado CAS y la entrevista con el cónsul.

¿Llegaste a este punto? Felicidades, viene lo terrorífico (que no es tanto): la entrevista con el cónsul. Hay como diez mil mitos sobre los documentos que hay que llevar, y otros diez mil sobre cómo es la entrada a las oficinas. La verdad es que todo es muy sencillo:

  • Llega 15 minutos antes de la entrevista, no media hora, ni una hora, ni cinco minutos antes.
  • Llegará el coordinador y pedirá los papeles. Lo único que hay que presentar es el pasaporte y la hojita que parece que tiene una credencial con un código de barras y que te sellan en el CAS. Solamente y nada más.
  • Pasarás a un túnel con una paquetería como la del supermercado. Ahí quitan celulares, perfumes, antibacteriales, memorias USB, tarjetas de memoria, cargadores, etcétera. Te darán un pase para recogerlos a la salida y listo.
  • Irás a un cuarto que parece filtro de aeropuerto. Deja tu bolso y chamarra en la charolita de plástico y listo. (Mejor no lleven mochila porque esa sí se las van a retener en la entrada).
  • Ahora deben pasar a una mesa con una señorita que depende de la hora puede ser sonriente o no. Validará los mismos papeles que les pidieron en la entrada; les dirá en qué fila deben sentarse para esperar a que toda su vida pase ante sus ojos.

¡Viene la parte intensa! Después del mucho (o poco) tiempo que esperen, les asignarán una ventanilla para ver al cónsul. Así es, una ventanilla como del banco (para los que creían que era una oficinita en la que pacientemente interrogan a uno).

En este punto quiero hacer una acotación: aunque suene horrible, la máxima “como te ven, te tratan” se aplica más que nunca. Al cónsul no le va a interesar todo lo trabajador que sea, buena gente u honesto; lo primero (y casi único) que verá es lo que trae puesto de la cintura para arriba. Es buena idea que vayan como si fuera una entrevista de trabajo.

-Llegan las preguntas y donde viene la ruleta rusa, porque las preguntas dependerán del humor en que esté el cónsul, del calor, del mes, de la hora, de si ya se quiere ir, de si lo agarró el tráfico o si le cayeron mal los tacos… No hay reglas.

-Eso sí, lleven todos los papeles que constaten que no se quiere ir a trabajar a la pizca de algodón y que tiene intención de regresar a México, como una carta del trabajo, recibos de cuenta del banco o títulos de propiedad.

-Si les hace sentir más seguras llevar acta de nacimiento, papeles de la escuela, título profesional y cartilla de vacunación, llévenlo. Puede que se los pidan, puede que no.

Recuerden que los cónsules son como cualquier otro empleado de gobierno, no les gusta que uno se ponga a platicarles la vida. Respondan puntualmente a lo que les pregunten y ya. No quieren saber si la tía Chencha quiere una crema buenísima para las patas de gallo que sólo venden allá.

Lo que sigue es que, si les aprueban la visa, les llegue un aviso de que en dos o tres semanas estará listo para recoger en el servicio de paquetería que eligieron. Si no, recibirán una carta de rechazo, pero se puede volver a aplicar la solicitud (claro, hay que volver a hacer todo el trámite y, por supuesto, pagar la cuota).

A mí, la verdad, me fue la mar de bien. Traté de pensar que era como hacer cualquier otro trámite y que todo saldría bien (aunque tenía taquicardia y una alberca en las axilas). Cuando me la aprobaron grité de felicidad y salí bailando chachachá hasta casa de mi hermana.

Escribo esto porque espero que alguien lo lea y se salve de todas las contrariedades que pasé por nerviosa. Chance se los cuento otro día.

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