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Un grupo de chicas dispuestas a hacer ruido, a escribir y a relatar experiencias personales para hablar de lo que nos pasa, nos interesa y nos incomoda.

Cosas que descubrí cuando fui a Colombia (no todo son las narcoseries)

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Hace poco tuve la suerte de hacer un viaje a Bogotá lo cual incluía probar mucho de su gastronomía y por supuesto, conocer parte de su cultura e idiosincrasia (y digo parte porque es un país tan rico y vasto que cuatro días definitivamente no alcanzan).

Los viajes enriquecen, de eso no hay dudas, pero también cada que me muevo de la “comodidad” de mi CDMX me doy cuenta que realmente no conozco tanto de otros países hasta que estoy pisando territorio. Porque en sí, a menos que tengan un pariente o un amigo de otro país, ¿cuáles son nuestras referencias reales? Películas o series, noticias que apenas llegan,

Hace poco le dije a un amigo venezolano que las únicas referencias reales que tenía de su país era Nicolás Maduro y Los Amigos Invisibles, casi le da un infarto. Pero es cierto, lo único que tenemos son las noticias y la cultura pop, pero en realidad no nos da una perspectiva de lo que realmente es la gente y el país. Así que durante mis cuatro días en Bogotá, pude sacar estas conclusiones. Algunas les parecerán tontas, pero son muy reales:

1. Tenemos el mismo horario. Escuché a alguien preguntar que qué hora era en Colombia; al parecer a nadie se le ocurrió ver que estamos en el mismo huso horario.

2. Las revisiones en el aeropuerto no son tan mortales. O al menos esa fue mi experiencia después de oír todas las historias de terror y ver mucho “Alerta Aeropuerto”; sí hay varios filtros (como cuatro) pero mientras uno vaya limpio y se sepa las normas de seguridad de cualquier aeropuerto (no sólo de El Dorado), no hay qué temer. ¿Y cuáles son? Sean rápidos en la banda de seguridad, no usen botas (si no quieren caminar unos metros descalzos), sean honestos en las preguntas de Migración y en las de Aduana.

3. Eso sí, sé precavido y usa el sentido común. Y aplica para cualquier aeropuerto: toma fotos de tu equipaje o video de cuando estés empacando, las siembras de droga sí son reales, así que hay que tener cuidado. También no hagas cosas buenas que parezcan malas, como yo, que estuve a punto de transportar dos kilos de chucula, un polvito hecho de semillas que sabe a chocolate y que estaba empacado de tal forma que en cualquier banda habrían parecido dos kilos de cocaína.
Afortunadamente lo pensé mejor y decidí que no necesitaba la chucula en mi vida y la dejé en el hotel.

4. Los colombianos no hablan como en El Cartel del Sapos. Creo que he visto demasiadas series colombianas como para creer que todos hablan como en las series y las novelas y pues fue un error de apreciación. Haciendo conclusiones, creo que ese acento que todos conocemos, debe pertenecer a la gente de Medellín porque en Bogotá se habla diferente, con un acento menos marcado.
5. Colombia no son sus series. Hablando de eso, me di cuenta que en el extranjero tenemos una percepción muy sesgada de su cultura, empezando porque un colombiano que se precie de serlo, no va hablar ni se va a enorgullecer de la historia de su país con el narcotráfico. Y lo más curioso es que justo eso es lo único que nos salpica desde allá.

6. Pero es cierto que son un país feliz. No sé si fue que más bien traté con gente de bienes y servicios o gente de la oficina de turismo, pero la verdad es que los colombianos son gente feliz. Todo lo hacen con mucho gusto y con una sonrisa; lo mejor es que son muy alegres y abiertos. No sé si es por los licuados de lulo o por tanta fruta tan bonita que comen, pero ya hasta me quiero ir a vivir allá para curarme de la neurosis.

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